Tres especialistas con inteligencia artificial trabajando para ti: un ingeniero superior que lo cubre todo —alta, media y baja tensión y solar—, un experto en subvenciones, y un financiero que te lleva las facturas de la empresa.
No es un chat que sirve para todo y no acierta en nada. Son tres especialistas separados a propósito, cada uno con su propia base de conocimiento, y tú no tienes que elegir: describes el problema y va al que toca.
Es el agente grande, y no tiene una especialidad estrecha: cubre desde el cuadro de una vivienda hasta una subestación, pasando por naves, industria, centros de transformación, líneas de media y alta tensión, recarga de vehículo eléctrico y toda la parte técnica de la solar —cubiertas, autoconsumo colectivo, plantas fotovoltaicas y huertos solares—.
Lee tus planos y saca lo que hay debajo de un presupuesto: previsión de cargas, despiece de materiales, mediciones y memoria técnica, con cada criterio apoyado en su ITC. En solar entra al detalle que revienta instalaciones: strings calculados a la temperatura mínima del emplazamiento, ventana de MPPT, protecciones del lado de continua y el tipo de diferencial que corresponde a cada inversor.
También hace de segundo par de ojos: si en el plano hay algo que no cuadra con la norma, te lo señala con la referencia concreta. Y si no hay nada que señalar, se calla.
Se dedica a una sola cosa y por eso la hace bien: encontrar la ayuda que aplica a tu caso y decirte si de verdad te conviene. Convocatoria vigente, plazo, organismo, requisitos, gastos elegibles, incompatibilidades y qué documentación hay que reunir.
Calcula el efecto de la ayuda sobre el retorno de la inversión, pero separa dos cosas que casi nadie separa: el proyecto tiene que sostenerse con el ahorro; la subvención solo mejora el retorno. Si algo solo sale a cuenta con la ayuda, te lo dice — porque las ayudas se agotan y los plazos se cierran.
Lleva las facturas de toda la empresa: emitidas, recibidas y extractos del banco. Las ordena, las concilia y te deja el negocio a la vista — desglose del IVA del trimestre, tesorería, y cada cobro y cada pago con su vencimiento.
Cada mañana te deja el dosier de deudores sobre la mesa: quién te debe, cuánto y desde cuándo, separando lo que vence a corto, lo que es a largo y lo que ya hay que dar por incobrable en vez de seguir contándolo como dinero que va a entrar. Le pides cualquier resumen a la hora que te venga bien y lo tienes hecho.
Y prepara los listados para tu gestoría bien hechos: ordenados, cuadrados y con lo que falta señalado, para que la asesoría trabaje sobre ellos sin devolverte la carpeta. Aparte, revisa las cuentas de comunidades de propietarios contra la Ley de Propiedad Horizontal y devuelve los hallazgos clasificados, listos para una junta.
No tienes que saber a quién preguntar. Escribes lo que necesitas —una duda de sección, unas cuentas, si salen las placas— y Arturo lo clasifica y se lo pasa al agente que corresponde. Si la pregunta toca dos oficios, los coordina y te lo explica antes de empezar.
No hay que aprender a manejar nada ni subir nada a ningún sitio. Creas dos carpetas en tu propio ordenador, con el nombre que te damos para que el sistema las reconozca, y dejas dentro lo que ya tienes: los papeles de la obra en una, los papeles del negocio en la otra. El resto sale solo, y los documentos se quedan donde estaban.
Aquí va todo lo de la obra, en el formato que lo tengas y sin ordenar. Cuanto más completa esté la carpeta, más fino sale el presupuesto y menos preguntas hay que hacerte.
Esta es opcional: la usas solo si quieres que el financiero te lleve el día a día. Dejas los papeles del negocio según te llegan y él los ordena, los concilia y te los devuelve hechos.
Nada se sube a ningún servidor nuestro. El sistema se conecta, lee lo que hay en tus carpetas, deja el resultado dentro y se desconecta hasta la próxima vez. Como el material no se mueve de sitio, puedes repetir un trabajo tantas veces como quieras —cambiando un dato, añadiendo una hoja que faltaba— sin volver a enviar nada y sin que te cueste explicarte otra vez.
Porque la diferencia entre esto y pedirle a un chat cualquiera que te haga un presupuesto no está en el modelo. Está en lo que tiene debajo y en lo que no se le permite hacer.
Debajo de los agentes están los textos consolidados del BOE y las tablas clave extraídas de las ITC. El sistema cita de ahí, con la referencia delante, en vez de recordar lo que leyó alguna vez.
Un solo asistente que lo sabe todo mezcla normativa con contabilidad y pierde rigor justo donde hace falta. Cada agente tiene su dominio acotado y sus fuentes.
Nada crítico para la seguridad sale como definitivo: o se calcula con su tabla, o se marca «a confirmar por ingeniero». Y si falta un dato, lo pide en vez de rellenarlo.
Tus planos y tus facturas viven en tu ordenador y ahí se quedan. El sistema los lee para hacer el trabajo, devuelve el resultado a tu carpeta y no conserva copia: ni nosotros, ni el proveedor del modelo, que además tiene prohibido por contrato usar ese contenido para entrenar nada.
Esto prepara y estructura. Revisas, corriges y decides tú, que eres quien conoce la obra y quien responde de ella.
Papel que se lleva a la obra y papel que se manda al cliente. Distintos a propósito.
Tres hojas: presupuesto, cálculo de cargas y supuestos, con las columnas de marca y precio para que las rellenes tú.
Limpio y presentable. Sin gastos generales ni beneficio a la vista: el margen va dentro de los precios.
Los criterios aplicados, cada uno con la ITC de la que sale y la fecha en que se comprobó.
Quién te debe y desde cuándo, IVA del trimestre, vencimientos y el listado para la gestoría. Cada mañana.
Quién te debe y desde cuándo, qué vence esta semana, cuánto IVA llevas acumulado del trimestre, cómo va la tesorería y qué es lo único urgente de verdad hoy. Con los avisos a los morosos ya redactados, esperando tu visto bueno.
Ver el panel completoSeis reglas internas que explican por qué un profesional puede apoyarse en esto: son las mismas que aplicarías tú si tuvieras tiempo de aplicarlas siempre.
Secciones, calibres, poder de corte y selectividad se calculan con su tabla o se marcan «a confirmar por ingeniero». Nunca salen como definitivos sin que alguien los valide.
Cada criterio viene con la ITC de la que sale y la fecha en que se comprobó. Un dato sin referencia no vale para defender un trabajo.
Ponemos la estructura, las mediciones y la comprobación. El precio del material lo pones tú, porque eres el único que lo sabe de verdad.
Ninguna convocatoria, plazo ni importe se da por vigente sin verificarlo en la fuente oficial el día que se consulta.
Lo que hunde un trabajo no es un «no lo sé». Es un «sí» dicho con confianza y equivocado.
Preparamos y estructuramos; la validación y la firma corresponden al técnico competente, que eres tú o quien tú designes. Y las cuentas se dejan listas para tu gestoría, que es quien presenta.
Casos completos paso a paso: qué entra, qué te pregunta el sistema antes de calcular, qué detecta, dónde se para y qué acaba en tu mano.
Abrir la demoLa norma técnica es estatal y vale igual en todo el país. Lo que cambia de una comunidad a otra es la tramitación, y por eso tu comunidad es un dato de tu cuenta: el sistema aplica el circuito que te corresponde sin que tengas que decírselo cada vez.
Órgano competente, circuito de legalización, inspecciones y portal de tramitación de tu autonomía, cargados en tu cuenta desde el alta.
Cuando se publique el nuevo REBT actualizamos el sistema y avisamos a todos los clientes. Mantener la normativa al día es parte del servicio, no un extra.
La arquitectura separa la norma del territorio, así que llevar el sistema a otro país es cambiar la base normativa, no rehacerlo. Es el siguiente paso, no una promesa de hoy.
Estamos midiendo lo que cuesta procesar planos reales antes de publicar un precio que luego tengamos que subir. Quien entre ahora lo sabrá antes que nadie.
Para los primeros que entren y nos dejen usar sus casos reales para afinar el sistema.
Compras un paquete de trabajos y lo gastas cuando tengas obra. Sin cuota mensual.
Para empresas con varios técnicos que quieren el sistema con su zona, su voz y sus fuentes.
Lo multiplica. Prepara el trabajo para que el técnico competente lo revise y lo cierre en mucho menos tiempo, y le marca exactamente dónde tiene que mirar. La validación y la firma siguen siendo suyas, como en cualquier obra.
No. La inteligencia artificial va por dentro y no tienes que contratar nada con nadie: entras con tu cuenta de ElectroAsesor y ya está. Se instala un programa en el ordenador de la oficina, el que usas para trabajar con los planos, y desde ahí trabaja contra tus carpetas.
No. Te deja las facturas ordenadas, el IVA desglosado y las cuentas cuadradas, que es el trabajo pesado. Presentar los impuestos y darte consejo fiscal le corresponde a tu gestoría, y le vas a facilitar mucho la vida.
De ti. Tú tienes tu neto con tu descuento, que es el único precio real. El sistema puede dejar una estimación orientativa marcada como tal, pero nunca la da por buena.
Trabajamos con los textos consolidados del BOE y con las tablas clave extraídas de las ITC, y se citan con su referencia. Cuando se publique el nuevo REBT, actualizamos el sistema y te avisamos. La vigencia de cualquier dato la confirma siempre el técnico competente.
Se quedan en tu ordenador. No hay que subirlos a ninguna parte: el sistema trabaja contra tus carpetas, deja el resultado ahí y no guarda copia de nada. Como tu material sigue siendo tuyo, puedes repetir un trabajo las veces que quieras sin volver a enviar nada. La contrapartida es que las copias de seguridad son cosa tuya: lo que borres de tu carpeta, lo has borrado.
Déjanos dos datos y te escribimos: primero para enseñarte el sistema con un caso tuyo, y después con el precio antes de que sea público.